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Obispo Auxiliar

No tengan miedo

Mons. Daniel Francisco Blanco Méndez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de San José

El domingo anterior empezamos a escuchar la segunda gran predicación de Jesús que nos presenta el evangelio de San Mateo.  Esta predicación es conocida como el "discurso misionero o apostólico" y daba inicio con el envío de los apóstoles a misionar a quienes Jesús les da la potestad a anunciar el Reino, con los gestos mismos que Él ha realizado (curando enfermos, expulsando demonios) pero también con sus mismas palabras... palabras que provocaron molestia, persecución e incluso la muerte de Jesús. 
Por esta razón, la lectura del evangelio que se proclama este domingo presenta a Jesús indicando que aquellos que han sido enviados a misionar pueden sufrir momentos de persecución, es decir, el Señor advierte que aquellos que han sido enviados padecerán lo mismo que Él. Pero también el Señor insiste, lo dice en tres ocasiones, no tengan miedo, Él siempre estará al lado de aquellos que ha enviado. 
La experiencia de persecución por el cumplimiento de la misión la ha experimentado, ya en el Antiguo Testamento el profeta Jeremías, como escuchamos en la primera lectura. El mensaje de Dios anunciado en boca de Jeremías molestó a los poderosos de su tiempo. Pero el mismo profeta también manifiesta cómo ha experimentado la cercanía de Dios, del Señor Todopoderoso que está a su lado, que lo salva y que lo libra de los malvados. 
 Esto que ha narrado Jeremías es la promesa hecha por Cristo a sus apóstoles. No debe haber ningún temor, porque en medio de las dificultades que ocasiona el anunciar el Reino, la promesa de Cristo es que el Padre del cielo los cuidará como cuida a todas sus creaturas e incluso mucho más, porque además promete que serán reconocidos por el Padre del Cielo en la Eternidad. 
 La experiencia de incomprensión y de persecución es algo que ha vivido la Iglesia a través de los siglos. El mensaje del Reino y la vivencia de los valores el Reino ha sido siempre motivo de incomprensión y de persecución. 
 Han existido motivos para odiar, perseguir e incluso matar a aquellos que anuncian la palabra de Cristo, que anuncian y viven los valores del Reino. Desde tiempos apostólicos, con la persecución en Jerusalén luego del martirio de Esteban, luego las persecuciones del Imperio Romano y a lo largo de la historia hasta el día de hoy, cuando sigue habiendo persecución en algunos países, por el sólo hecho de ser cristianos, porque la Palabra de Dios, cuando se vive y se anuncia con coherencia, siempre incomodará a alguno, siempre ocasionará algún malestar y siempre significará ir contracorriente. 
Por esto, la palabra de este domingo sigue siendo actual para todos nosotros, la enseñanza que nos trae esta palabra y la puesta en práctica de la misma no ha variado mucho en estos dos mil años y podríamos resumirla en tres puntos: 
Primero, Cristo sigue enviando a sus discípulos para que anuncien con sus mismas palabras y sus mismas acciones. Hoy estos discípulos somos todos los bautizados que debemos ser cercanos al enfermo, al excluido, al vulnerable y debemos ser presencia de la misericordia de Dios entre aquellos con quienes nos encontremos, porque estos son los valores del Reino.
En segundo lugar, este mensaje, actualmente sigue siendo incómodo para algunos, sigue significando para el cristiano ir contracorriente, incluso en lugares donde no hay propiamente persecución en contra de los cristianos, porque cuando en la vida diaria, en la cotidianidad de la vida familiar, laboral o académica, la vivencia de la fe es coherente y radical, sigue ocasionando asombro o incluso molestia en algunos. 
Por último, el Señor nos sigue enviando con el mismo llamado: No tener miedo, confiar sólo en Él, para anunciarlo sólo a Él y su mensaje de conversión y de salvación. Cuando la confianza la ponemos en nuestras propias capacidades, dejamos de anunciarlo a Él y nos anunciamos a nosotros mismos. En esos casos el mensaje deja de ser el mensaje del Reino, el mensaje pierde sentido y por tanto también la persecución perdería todo sentido. 
En conclusión, el llamado de la Palabra de Dios en este domingo es vivir con coherencia la fe, ese será el testimonio más claro y la mejor forma de anunciar a Cristo. Vivir con coherencia la fe y sin temor porque Dios camina a nuestro lado y nos promete una recompensa, la recompensa del Reino, que estamos llamados a construir desde ahora, pero que viviremos en plenitud junto a Él en la eternidad. Que esta palabra y la vida sacramental que alimenta nuestra vida, nos fortalezcan a todos para vivir este compromiso que hoy la Palabra de Dios nos ha recordado.