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Iglesia

Aporte de un santo a la coronación de La Negrita

Pbro. Luis Paulino González, sacerdote de la Arquidiócesis de San José

En estos días de celebración por el centenario de la coronación de nuestra patrona nacional, no está de más recordar que en la organización de ese gran acontecimiento hizo también su aporte un santo que hoy es venerado en los altares: el beato Luis Furones Arenas O.P., fraile dominico que vivió cuatro años en nuestro país, murió mártir de la guerra civil española, y beatificado en 2007 por el papa Benedicto XVI.

Fray Luis Arenas había llegado a nuestro país posiblemente a fines de de 1922 o, a más tardar, en enero de 1923. Luego de servir un tiempo en Alajuela, en San Isidro de Coronado y en La Dolorosa (San José), recibió un encargo muy distinguido por parte del arzobispo de San José, Mons. Rafael Otón Castro Jiménez: el 23 de junio de 1925, fue nombrado rector interino del Santuario Nacional de Nuestra Señora de los Ángeles.

Por aquel entonces, el santuario no era parroquia, sino que pertenecía a la parroquia de Cartago, pero contaba con un "capellán" o rector propio.

Este servicio lo desempeñó por cinco meses y medio, aproximadamente y luego presentó la renuncia. Ya para el 10 de diciembre se designó para el mismo encargo al P. José de Jesús Calderón. Esto consta en documentos que se custodian en el Archivo Histórico Arquidiocesano Bernardo Augusto Thiel (AHABAT).

Seguramente, la coyuntura en la que le correspondió al padre Arenas cumplir esta misión fue demandante.

En primer lugar, la actual basílica no estaba terminada, aunque sí en una etapa muy avanzada de su construcción. Las fotografías de la época dejan ver la mayor parte de la estructura ya levantada, pero sin fachada. Para 1925 las obras posiblemente estaban enfocadas en los trabajos de carpintería interna, según se deduce del libro "La Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles", de la historiadora Sonia Gómez Vargas. Aunque no tengamos una evidencia escrita, es razonable pensar que el padre Arenas involucrarse en el acompañamiento de la junta edificadora para el desarrollo de esos trabajos.

En segundo lugar, desde finales de 1924 se estaba gestando la coronación de la imagen de la Virgen de los Ángeles, la cual tuvo lugar, como sabemos, el 25 de abril de 1926. En consecuencia, durante estos meses, nuestro beato debió ser parte de la comisión organizadora de tan magno acontecimiento.

Sobre este particular, me parece un deber de justicia hacer una aclaración. En algunas reseñas biográficas sobre él que se encuentran en internet se dice que fue "presidente delegado de la junta nacional para la coronación". Sin embargo, esto no es exacto. Hay que aclarar que el presidente de la comisión era el señor arzobispo (Mons. Castro Jiménez) y el vicepresidente era Mons. Alejandro Porras (Vicario general). Asimismo, el secretario de la comisión, sobre quien recaía gran parte de la dirección ejecutiva, era el P. Carlos Borge, párroco de La Soledad. De este modo, hay que decir que fray Luis era miembro de la comisión, en virtud de su oficio de rector del santuario, pero no puede decirse que fuera el presidente de esta.

Esta aclaración no le resta mérito alguno a nuestro santo. Más bien hay que señalar que, pese al poco tiempo que estuvo al servicio de la Negrita, hizo un aporte muy importante en la preparación de los festejos de la coronación. Le correspondió a él conducir la organización de un turno para recaudar fondos. Según los datos que ofrece el libro conmemorativo "La Virgen de los ángeles coronada", el dinero recaudado en dicho turno (24 815, 55 colones) fue el 37% del total del dinero invertido en la celebración. Incluso en dicha obra, se hace elogio del rector "a cuyo celo y actividad se debió el brillante éxito del turno para la coronación".

En Cartago fray Luis "dejó gratos recuerdos de su estancia" como capellán de la patrona nacional, según nos lo dice el P. Marciano Diez O.P. en su libro "Dominicos en Centroamérica. Siglo XX".

Luego de su paso por nuestro país, el padre Arenas estuvo en Guatemala y el Salvador. En 1935 volvió a su España natal. Fue nombrado superior del convento de los dominicos en Atocha (Madrid). Ahí, en la calle Granada, derramó heroicamente su vida por Cristo el 20 de julio de 1936, en los albores de la guerra civil.


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Calle Granada, donde murió el beato Luis Arenas.


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Basílica y convento de Atocha.