Mons. José Rafael Quirós Quirós, arzobispo metropolitano de San José
La Semana Santa es para los
cristianos, el hermoso tiempo que como un oasis en el año, nos ofrece la
oportunidad para adentrarnos en el Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección
del Señor. Ciertamente son días especiales, porque podemos elevar nuestro
espíritu en la meditación de este acontecimiento central en la historia de la
humanidad, cuando el amor en Persona, nos invita a tomar conciencia de lo que
significa derramar hasta la última gota de su sangre sencillamente porque nos
ama. Es verdad, nos lo ha entregado
todo, para que le correspondamos consecuentemente con una entrega total y
sincera.
Sabemos que para entregar nuestra
vida al Señor, es necesario decidirse por una vida que implica compromiso
sincero y transparente, con valores como la paz, el amor al prójimo, la
justicia, la apertura a la acción de Dios abrazando con alegría sus mandatos.
Esto no es posible sin la ayuda que procede directamente del mismo Señor, por
ello es que adquieren singular relevancia la plegaria, el sacrificio y la
cercanía a los más necesitados, además de la disposición de rechazar todo
pecado. Es de gran provecho y ayuda, tomar la Palabra de Dios, para meditarla y
dejarse transformar por su poder; igualmente
tenemos vidas ejemplares de hermanos nuestros que nos antecedieron en el caminar de la fe, y
que hoy gozan plenamente de la vida eterna.
La Semana Santa nos ofrece la
oportunidad de contemplar el extremo al
que puede llegar la crueldad del ser humano, cuando pretende matar a Dios y
excluirlo de su historia. Esta historia se repite toda vez que se pretende un
humanismo sin Dios, porque el simple humanismo, es egoísta, racionalista,
pragmático y violento. Qué peligrosa una sociedad sin Dios, estamos a tiempo de
rectificar nosotros los costarricenses que amamos a Dios y a la Patria, yendo
contra la corriente de la ideología que pretende imponerse, afirmando que la
defensa de valores esenciales como la vida, es de conservadores que no dejan
avanzar la historia.
El juicio abreviado e injusto que
se le siguió a Jesús, se sigue repitiendo toda vez que se condena a muerte a un
inocente, aprobando leyes contra la vida. Por lo que, participar de los oficios
religiosos durante estos días nos hará mucho bien, personal y socialmente.
Pero, no importando el lugar donde nos encontremos, dejarse impactar y renovar
por Cristo es posible, permitámosle entrar a nuestra vida, Él está llamando a
la puerta de nuestro corazón. No hay que tener miedo a la invitación de
seguirle, tomando la propia cruz, solamente de los valientes y decididos es el
Reino de los cielos. Imploremos con el
salmista "¡Oh Dios crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con
espíritu firme!" (Salmo 50, 12).