Devoción josefina data de 1657
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Cordón
se coloca sobre partes adoloridas o enfermas del cuerpo.
David
Mora, periodista
Aunque
cuesta mucho verlo, hay personas que llevan ceñida sobre la ropa un cordón con siete
nudos, a modo de cíngulo; como el que usan los sacerdotes sobre el alba o los
religiosos sobre sus hábitos. Se trata del Cordón de San José, una devoción que
data de 1657.
Este
se originó en la devoción a San José de una monja agustina belga, llamada
Elizabeth, quien estuvo enferma por tres años y había sido desahuciada por los
médicos. Ella hizo un cordón de lana blanca, pidió que fuera bendecido en honor
de San José y se lo ciñó. Varios días después, mientras rezaba, sintió que fue
curada milagrosamente.
Casi
200 años después, en 1842, en marzo, se supo de un milagro en la Iglesia de San
Nicolás de Vernoa, en Italia, el cual había ocurrido en Anvers, Bélgica, relacionado
a esta devoción. A partir de este hecho, muchas personas enfermas comenzaron a
usar el Cordón para pedir la intercesión y el auxilio de San José ante
dolencias, pero también como un recurso poderoso contra los peligros del alma,
la impureza y las tentaciones.
Años
después, en 1859, el obispo de Verona solicitó a la Sagrada Congregación de
Ritos una fórmula de bendición del Cordón de San José, y el Papa Pío IX
concedió indulgencias plenarias y parciales para quienes practicaran esta
devoción.
Comúnmente,
este Cordón se lleva ceñido a la cintura, sobre la ropa, tiene siete nudos
recordando los siete gozos y dolores de San José; y suele colocarse, en caso de
dolores y sufrimientos físicos, sobre la parte enferma del cuerpo. Se
recomienda que se rece a San José siete Glorias mientras se lleva el Cordón.
El
Cordón debe ser bendecido por un sacerdote la primera vez que se va a usar; si
este se deteriora o se pierde, los nuevos no se bendicen, basta con la primera
bendición.
En
las instalaciones de Radio Fides usted puede adquirir el Cordón de San José a
1500 colones.