El Papa encabezó procesión desde San Anselmo a Santa Sabina
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Reconocer
con humildad los pecados.
David
Mora, periodista
Este
18 de febrero es el primer Miércoles de Ceniza en el pontificado del Papa León
XIV, en el cual presidió la Santa Misa iniciando con la tradicional procesión
penitencial desde la Basílica de San Anselmo hasta la Basílica de Santa Sabina,
un gesto que marca la Cuaresma como un camino hacia la Pascua, por medio de la
práctica de las estaciones romanas.
Durante
su homilía, el Santo Padre realizó un llamado a la conversión personal y
comunitaria, recordando a los fieles que el mal no se origina en factores
externos, sino que cada persona tiene una responsabilidad sobre él. También instó
a vivir la Cuaresma como un tiempo donde la Iglesia reconoce su fragilidad en
medio de un mundo herido.
"Tenemos
que admitir que se trata de una actitud contracorriente, pero que, cuando es
tan natural declararse impotente delante de un mundo que arde, constituye una
alternativa auténtica, honesta y atractiva. Sí, la Iglesia existe también como
profecía de comunidades que reconocen sus propios pecados", indicó el Pontífice
sobre cómo la conversión auténtica implica un examen de consciencia.
Al
referirse sobre el signo de la ceniza, León XIV las colocó no solo como un
gesto penitencial, sino del reflejo del sufrimiento.
"Hoy
podemos reconocer la profecía que contenían estas palabras y sentir, en las
cenizas que se nos imponen, el peso de un mundo que arde en llamas, de ciudades
desintegradas completamente por la guerra; las cenizas del derecho
internacional y de la justicia entre los pueblos, las cenizas de ecosistemas
enteros y de la concordia entre las personas, las cenizas del pensamiento
crítico y de la sabiduría local ancestral, las cenizas de ese sentido de lo
sagrado que habita en toda criatura".
León
XIV finalizó su predicación invitando a vivir la Cuaresma en sintonía con Dios,
quien en el secreto ve la oración, el ayuno y la caridad.
"Reconocer
nuestros pecados para convertirnos es ya una premonición y un testimonio de
resurrección: significa no permanecer entre las cenizas, sino levantarnos y
reconstruir. Entonces, el Triduo Pascual, que celebraremos en la culminación
del camino cuaresmal, revelará toda su belleza y significado".
Posterior
a la homilía, el Papa bendijo las cenizas y fue el primero en recibirlas en su
cabeza, el encargado de hacerlo fue el Penitenciario Mayor, el Cardenal Angelo
De Donatis.
Luego,
asistido por sacerdotes, León XIV impuso la ceniza a los fieles.
Finalizado
el rito, la Santa Misa se desarrolló como de costumbre.
Fuentes: Vatican News y ACI Prensa.