Claudio de Castro propone un plan ordenado de lectura de la Sagrada Escritura
Aún recuerdo cuando fui a la librería católica de mi país, un sábado de julio. Tengo presente la fecha porque recién había cumplido años y deseaba darme ese regalo.
«Quisiera una Biblia», les pregunté. «¿En cuál mueble las encuentro?«. Me indicaron dónde podría hallarlas.
Me fijé en todas hasta que vi la que para mí era perfecta, una con letra grande. La compré sin pensarlo junto a un estuche para protegerla. Salí feliz, llevando conmigo la Palabra de Dios.
Días antes había leído en un artículo:
Cuando rezamos hablamos con Dios.
Cuando leemos la Biblia, es Dios quien nos habla
Yo estaba sediento de su Palabra