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Iglesia

Amarás al Señor tu Dios - Amarás a tu prójimo.

(VIDEO) Mons. Daniel Blanco, Obispo auxiliar Arquidiócesis de San José

En la narración del evangelio de este domingo XXXI del tiempo ordinario, se presenta a Jesús que ha llegado ya a la ciudad santa de Jerusalén.

San Marcos, relata que Jesús, una vez llegado a esta ciudad, tendrá distintos encuentros con fariseos, escribas y maestros de la ley que generalmente le hacen preguntas para ponerlo a prueba y poder acusarlo ante las autoridades y pedir su muerte.

El último de estos encuentros, es el que nos presenta la liturgia de la palabra este domingo.

Un escriba hace una consulta a Jesús: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?  El modo de preguntar del escriba y el trasfondo de la pregunta parecen ser sinceras y que éste no busca hacer ningún daño a Cristo, sino que realmente desea una respuesta por parte del Maestro.

Porque ante los 248 mandamientos y las 365 prohibiciones que presentaba la ley de Moisés, los estudiosos de la Escritura, constantemente, se preguntaban cuál era la norma más importante de todo este elenco de leyes y existía una discusión entre escribas, fariseos y maestros de la ley al respecto.  Y este escriba parece que sinceramente quiere conocer la opinión de Jesús sobre este tema en particular.

La respuesta de Jesús une dos textos del antiguo testamento, el primero del libro del Deuteronomio, precisamente el texto que se proclama como primera lectura este domingo: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas y el segundo, un texto del libro del levítico:  amar al prójimo como a ti mismo.  Estos dos textos inician con el verbo amar y Jesús los une y los presenta como la ley sobre la cual no habrá ningún mandamiento mayor.

Este texto del libro del Deuteronomio, que se ha proclamado en la primera lectura, narra que YHWH por medio de Moisés ha indicado que el cumplimiento de los mandamientos será el modo como el ser humano alcanzará el anhelo más profundo de su corazón:  la felicidad.  Porque la promesa del Señor a quien cumpla sus mandamientos, es que esta persona será dichosa, manifestada esta dicha en la prole y la salud.

Los últimos domingos hemos visto que ese anhelo de felicidad ha estado siempre en el ser humano, Jesús al manifestar que para seguirlo era necesario pasar por la Cruz, encontró rechazo por parte de Pedro y del resto de los apóstoles que más bien pensaban en quién era el más importante y quiénes ocuparían los primeros puestos, creyendo que la cruz es contraria a la felicidad.  Asimismo el joven rico se acerca a Jesús preguntando el modo de alcanzar la dicha plena y el ciego Bartimeo se acerca a Jesús buscando la salud.

Por esto, si la búsqueda constante del ser humano es una dicha que inunde su corazón, hoy Jesús responde que esa verdadera felicidad consiste en amar y que el anhelo de gozo se alcanzará al amar a Dios con todo el ser y al amar al prójimo como a nosotros mismos.

Y Jesús mismo será el ejemplo a seguir sobre el modo cómo se debe amar, porque él vive el mandamiento del amor a plenitud en el acontecimiento de la cruz:  Cristo ama al Padre con todo su ser, tanto que cumple a la perfección la misión que le encomienda, y ama hasta al extremo al ser humano -de quien se hizo prójimo- dando su vida por nuestra salvación.

Por tanto, el mandamiento del amor, que hoy Jesús manifiesta que es el primero y más importante de todos los mandamientos, debe ser el distintivo del discípulo de Cristo, para que el testimonio de fe se realice con el gozo del corazón, porque sabemos que anunciamos el evangelio, es decir la buena noticia de nuestra salvación y porque el discipulado -que implica cargar la cruz- implicará amar al hermano que sufre con gestos concretos de compasión, cercanía y solidaridad.  Y esto será no sólo lo que nos distinga como discípulos sino también lo que colme nuestro anhelo de felicidad.

¿Cómo amar al estilo de Jesús si nuestras fuerzas son tan limitadas?  Jesús nos ha dicho, permanezcan en mí (Jn. 15, 4).  Por tanto, para amar como Jesús, debemos permanecer en Él y dejarnos amar por él.  sólo con la fuerza del amor de Dios será posible vivir el amor con la radicalidad que nos pide Jesús.

Dice el papa Francisco: «Dios, que es amor, nos ha creado por amor y para que podamos amar a los otros permaneciendo unidos a Él.  Sería ilusorio pretender amar al prójimo sin amar a Dios y sería también ilusorio pretender amar a Dios sin amar al prójimo.  Las dos dimensiones, por Dios y por el prójimo, en su unidad caracterizan al discípulo de Cristo» (Angelus 04.11.2018).

Que Dios nos dé la gracia de permanecer en su amor y de esta forma, como verdaderos discípulos, con el corazón pleno de felicidad, seamos testimonio del amor de Dios en medio de los hermanos.