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Iglesia

Solemnidad Asunción de la Santísima Virgen María

(VIDEO) Mons. Daniel Blanco, obispo auxiliar de San José


Celebramos este Domingo, día del Señor, la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María.  Una fiesta que llena de esperanza la vida del cristiano porque al contemplar a María, que es llevada en cuerpo y alma al cielo, podemos percibir la vida gloriosa que Cristo con su muerte y resurrección ha regalado a la humanidad entera y que como primicia del género humano goza ya María, madre de la Iglesia y figura de lo que debe ser la Iglesia.

La lectura del apocalipsis que es proclamada en este día, presenta la figura de la mujer vestida de sol.  Una imagen prodigiosa, que en los estudiosos de la literatura apocalíptica han enseñado que es la imagen de la Iglesia, que adornada con los regalos de la gloria que ha recibido por la Pascua de Cristo, lucha en medio de la persecución, fortalecida por la fuerza del Señor que nunca la abandona y que triunfa sobre el dragón, anunciado así que la victoria es de Dios y de su Mesías.  Dejado claro que aun cuando parece ser más fuerte el mal, Dios lo ha vencido y al final la Iglesia gozará de la plenitud de la gloria.

Esa figura, tradicionalmente, también ha sido asociada a la Santísima Virgen María, ya que ella, nos enseña el Concilio Vaticano II, es tipo y modelo de la Iglesia (LG 63).  Por tanto, la victoria a la que Cristo, con su muerte y resurrección, asocia a la Iglesia, de modo singular y privilegiado une también a la Santísima Virgen María, quien como primicia de la Iglesia, goza ya de lo que, al final de los tiempos, gozará toda la humanidad redimida por Cristo, porque en Cristo todos volverán a la vida, como nos dice San Pablo en la segunda lectura.

¿Por qué María recibe este privilegio de ser la primera en participar en cuerpo y alma del cielo?

El evangelio de Lucas que se proclama en esta fiesta, nos permite encontrar algunas respuestas.

·      María, apenas ha conocido que será la madre del Salvador, ha pronunciado su hágase.  Pero también el ángel le indica que su pariente Isabel tiene seis meses de embarazo.  En ese momento, María no piensa en ella sino que va presurosa a las montañas de Judea para ayudar a Isabel.  María comprende que su hágase va más allá de ser madre del Mesías y que su Sí a Dios se convierte en un Sí al hermano, lo cual hace con fidelidad absoluta, uniendo por completo su vida a la de vida de toda la humanidad de la cual también es madre.

·      La primera lectura indica que junto a la mujer vestida de sol, está el arca de la alianza, ese objeto tan lleno de significado para el pueblo de la antigua alianza, porque portaba objetos que recordaban la alianza del Sinaí.  María es el arca de la Nueva Alianza, ella lleva en su seno a quien realiza esa Alianza Nueva y Eterna.  Ella es la portadora de Dios, ella lleva al Señor a casa de Zacarías y así como David bailaba delante del arca de la Alianza, Juan el Bautista saltó de gozo en el seno de Isabel al estar frente a María, así lo dirá el papa Benedicto XVI «María, en espera del nacimiento de su Hijo Jesús, es el Arca santa que lleva en sí la presencia de Dios, una presencia que es fuente de consuelo, de alegría plena» (Homilía, 15.08.2012).

·      En el cántico del Magnificat María no sólo hace un recuento del actuar de Dios en la historia de la humanidad, haciendo de ésta, Historia de Salvación sino que se presenta como aquella mujer humilde que ha dejado a Dios actuar en su vida para colaborar de manera insigne en esta Historia de Salvación, ella sabe reconocer la omnipotencia de Dios y reconocer que las maravillas realizadas en su vida son regalo de la misericordia del Señor; por eso será llamada Bienventurada por todas las generaciones.

Estos tres elementos nos pueden dar luces no sólo del porqué Dios regala a María, como primicia la participación en cuerpo y alma de la gloria del Cielo, sino que también marcan el camino que cada cristiano debe seguir, para llegar un día donde María, como primera redimida, está ya.

Somos llamados a servir con generosidad al prójimo, somos llamados a llevar a Dios al hermano y somos llamados a dejar a Dios actuar en nuestras vidas para colaborar en transformar la historia humana en Historia de Salvación.

Que el Señor hace maravillas en nosotros y por intercesión de nuestra madre del Cielo, podamos imitar a María y llegar un día, como Iglesia Triunfante, a la plenitud del cielo.